miércoles, 1 de agosto de 2018

“El Perdón de Asís o La Porciúncula o Ntra. Sra. de Los Ángeles”


El consejo de zona Cartaginense os desea un feliz día 2 de agosto, la Orden Franciscana celebra una de sus fiestas más entrañables :

“El Perdón de Asís o La Porciúncula o Ntra. Sra. de Los Ángeles”

FELIZ DIA , OS ANIMAMOS A VISITAR Y ORAR EN UN TEMPLO FRANCISCANO EN ESTE DIA , POR TODA LA FAMILIA FRANCISCANA

Escribe el hermano Manuel López Gomez ( secretario consejo de zona Cartaginense )




   El Perdón de Asís o La Porciúncula o Ntra. Sra. de Los Ángeles
                                       2 de Agosto
Queridos hermanos Paz y Bien; próximamente la iglesia y más en concreto la Familia Franciscana celebrará una de sus fiestas más Solemnes; la del Perdón de Asís, o de la Porciúncula o Ntra. Señora de los Ángeles; “Domina Angelorum; remissionem Assisium; et loqueris Porciuncula ex Francisci Assisiensis”; Ntra. Señora de Los Ángeles; El Perdón de Asís y La Porciúncula hablan de Francisco de Asís y cómo su huella permanece; Europa se encontraba entre la Cuarta (1202-1204) y Quinta Cruzada Santa, no obstante lo que emanaba dentro de estas cruzadas era además de un choque de culturas y religiones era igualmente la disputa por mantener el poder en todo el Mediterráneo. Eran tiempos de muerte, sangre, odio y violencia y he aquí que corría el mes de Julio del 1216; el Poverello de Asís Fray Francisco oraba en una  cueva del bosque insistentemente a Dios solicitando de Él piedad, misericordia y perdón por los pobres pecadores; seguidamente sintió el impulso de ir a la Porciúncula –iglesia muy amada por él; cuna de las tres Ordenes de la Familia Franciscana-Al llegar alzó la mirada y vio una luz inmensa donde se encontraba el Señor junto a su Santísima Madre rodeados de Ángeles; entonces el Señor Jesús le dijo: “Francisco pide lo que quieras para la salvación de los hombres entonces Francisco exclamó: “aunque yo soy un miserable pecador, te ruego querido Jesús, que le des esta gracia a la humanidad: dale a cada uno que vengan a esta iglesia con verdadera contricción y confiesen sus pecados, el perdón completo e indulgencias de todos sus pecados” 
Viendo que el Señor se mantenía en silencio Francisco se dirigió con un confiado amor a la Santísima Virgen refugio de los pecadores y le suplicó: “Te ruego a ti Santísima Madre, la abogada de la raza humana que intercedas conmigo por esta petición”. Entonces Jesús miró a María y el Poverello se alegró de ver a María sonreír a su Divino Hijo como diciéndole: “Por favor concédele a Francisco esta petición ya que a mí me hace feliz. Inmediatamente Nuestro Señor le dijo a Francisco: “Te concedo lo que pides, pero debes de ir a mi Vicario el Papa, y pídele que apruebe ésta indulgencia”. Entonces la visión se desvaneció. Muy de mañana Francisco salió con el hermano Maceo a la cercana ciudad de Perugia donde se encontraba el Papa Honorio III –recién elegido Vicario de Cristo- ; en el camino el Poverello se preocupaba ya que le iba a pedir al Santo Padre un privilegio muy grande para una capilla desconocida. Este tipo de indulgencias sólo se había concedido a la tumba de Nuestro Señor, a la de San Pedro y San Pablo y a los cruzados. Entonces Francisco oró con gran ardor a Ntra. Sra. de los Ángeles y cuando llegó el turno de hablar con el Papa Francisco habló muy humildemente: “Su Santidad hace unos años atrás reparé una Iglesia en honor de la Santísima Virgen le suplico le conceda recibir indulgencia pero sin tener que dar  ninguna ofrenda”
   -El Papa replicó:"No es muy razonable lo que pides, pues quien desea una indulgencia debe hacer un sacrificio. Pero, bueno, ¿de cuantos años quieres que sea esta indulgencia?
-Francisco respondió: "Santo Padre, podría usted no darle años específicos, sino almas?
-¿Que significa eso de almas, Francisco?


Ahora Francisco tuvo que elevar una oración ferviente a Nuestra Señora, ya que debía explicarle al Papa lo que significaba su petición. Con mucha humildad pero con firmeza hizo su extraordinaria petición, la que ha sido conocida como la indulgencia de la Porciúncula.

-"Yo deseo, si le parece a su Santidad, por las gracias que Dios concede en esa pequeña Iglesia, que todo el que entre en ella, habiéndose arrepentido sinceramente, confesado y habiendo recibido la absolución, que se le borren todos los pecados y las penas temporales de ellos en este mundo y en el purgatorio, desde el día de su Bautismo hasta la hora en que entren en esa iglesia."

Impresionado por esta firme y sincera petición, el Papa exclamo: "Estas pidiendo algo muy grande Francisco, ya que no es la costumbre de la Corte Romana conceder ese tipo de indulgencia"

Reconociendo que esta oportunidad de traer gracias a la humanidad, podía desvanecerse en aquel instante, Francisco añadió con fervor y vehemencia, y con una serenidad devastadora: "Reverendísimo Santo Padre, yo no le pido esto por mi mismo, lo pido en nombre de Aquel que me ha enviado, Nuestro Señor Jesucristo".

En ese momento el Papa recordó que su gran predecesor Inocencio III, estaba convencido que Cristo se le aparecía y guiaba de manera especial a este pequeño y santo poverelo. Movido, por el Espíritu Santo, el vicario de Cristo solemnemente declaró tres veces: es mi deseo que se te sea concedida tu petición. Pero los cardenales que estaban presente al escuchar esta innovación revolucionaria, protestaron y reclamaron al Papa que esta rica y nueva indulgencia debilitaría las cruzadas. En términos fuertísimos le exigieron que la cancelara. Pero el Papa les dijo, "yo no cancelo lo que he concedido". -"Entonces restríngela lo más posible".

El Santo Padre llamó a Francisco y le dijo: "nosotros te concedemos esta indulgencia y debe ser válida perpetuamente, pero solo en un día cada año, desde las vísperas, a través de la noche, hasta las vísperas del siguiente día."

Francisco sumisamente bajo la cabeza y después de agradecer al Papa, se levanto y comenzó a salir. Pero el Papa le llamo: "¿A dónde vas, tu pequeño poverelo? No tienes garantía sobre esta indulgencia". Francisco se volvió hacia él y con su simpática y confiada sonrisa le dijo: "Santo Padre su Palabra es suficiente para mi, si esta es la obra de Dios es El quien hará su obra manifiesta. No necesito ningún otro documento. La Santísima Virgen María habrá de ser la garantía, Cristo el notario, y los ángeles los testigos." (recordando la visión)

Francisco escucho estas palabras en su oración: "Francisco quiero que sepas que esta indulgencia, que ha sido concedida a ti en la tierra, ha sido confirmada en el cielo". Con gran gozo compartió esta revelación al hno. Maceo, y juntos aligeraron el paso para ir a darle gracias a Nuestra Señora de los Angeles en la Porciúncula.

Para la solemne inauguración de este perdón en la Porciúncula, Francisco escogió Agosto 2, porque fue el primer aniversario de la consagración de esta santa capilla, y porque Agosto 1, era la fiesta de la liberación de San Pedro de las cadenas que tenía en la cárcel (Agosto 2, es el día de Nuestra Señora de los Angeles).
En presencia de los obispos de Asís, Perugia, Todi, Spoleto, Gubbio, Nocera y Foligno, anunció Francisco a la multitud la gran noticia: «Quiero mandaros a todos al paraíso anunciándoos la indulgencia que me ha sido otorgada por el Papa Honorio. Sabed, pues, que todos los aquí presentes, como también cuantos vinieren a orar en esta iglesia, obtendrán la remisión de todos sus pecados».
Jesús y María confirmaron su aprobación del Gran Perdón de la Porciúncula. Una vez a un santo fraile franciscano, Beato Conrado de Ofida, la Virgen Santísima se le apareció envuelta en un rallo de luz, con el niño Jesús en sus brazos, en la puerta de la Porciúncula. El niño bendecía a todos los peregrinos que entraban en la capilla de su Madre para adquirir el perdón de los pecados.
Más tarde los obispos de Asís y otros Papas promulgaron documentos confirmando "El gran Perdón de la Porciúncula". La pequeña iglesia dedicada a la Santísima Virgen se convirtió en uno de los más famosos santuarios de peregrinación de toda Europa. Mas tarde Gregorio XV hizo extensivo el jubileo de la Porciúncula a todas las Iglesias Franciscanas del mundo.  En 1921, el Papa Benedicto XV canceló la restricción de manera que se pueda obtener indulgencias cualquier día. Según el decreto de la Penitenciaría Apostólica del 15 de julio de 1988 («Portiuncolae sacrae aedes»), se puede ganar la indulgencia en La Porciúncula durante todo el año, una sola vez al día. Cada año una multitud de fieles acude allí para recibir el «Perdón de Asís» también llamado «Indulgencia de la Porciúncula». Sin embargo, a partir de

Condiciones para obtener la indulgencia
El Perdón de Asís se puede obtener para uno mismo o por los difuntos. Las condiciones son las prescritas para las indulgencias plenarias.
1) Visita al Santuario con la recitación de un Padrenuestro y un Credo
2) Confesión sacramental y Santa Comunión
3) Rezar según las intenciones del Sumo Pontífice.

Los peregrinos pueden obtener la indulgencia todos los días del año.  
   Por lo tanto hermanos la salvación de todos es tarea y responsabilidad nuestra.


                              Manuel López
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                           O. F. S  de Guadix

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